"Stalingrado", la película que quiso mostrar el infierno de la Segunda Guerra con 12.000 extras y frío de verdad
El director alemán Joseph Vilsmaier tardó décadas en llevar al cine la novela de Theodor Plievier. El rodaje en Finlandia, las escenas que se filmaron sin pisar la ciudad real y el lugar incómodo que ocupa hoy en el canon del género bélico europeo.

Vilsmaier arrancó la proyección y lo primero que se escuchó fue el viento. Un silbido extenso, grave, que parecía meterse por la butaca. Después vino el silbido de las balas, claro está, y ahí uno entendió que estaba sentado frente a algo distinto a las películas de guerra a las que estamos acostumbrados. La pantalla mostraba soldados alemanes cruzando un paisaje blanco, exhaustos, con la mirada perdida, y la sensación era de estarando a esos muchachos en pleno invierno ruso, con el cuerpo congelado y el alma todavía más. Yo salí de la función con esa imagen grabada durante días, y eso que la vi en casa, en pantallita, con la calefacción encendida y un mate al lado. Me cuesta imaginar cómo la habrán recibido los que la vieron en el cine en 1993, cuando todavía cole era con Russia del otro lado del mundo.
Una novela que tardó casi medio siglo en llegar al cine
Una novela que tardó casi medio siglo en llegar al cine
Una novela que tardó casi medio siglo en llegar al cine
Una novela que tardó casi medio siglo en llegar al cine
La novela de Theodor Plievier se publicó en 1945, cuando todavía cole era con Russia humeando bajo las bombas. Recién en 1993, casi cincuenta años después, el director bávaro Joseph Vilsmaier decidió llevarla al cine. Para dimensionar lo ambicioso del proyecto alcanza con un número: 12.000 extras movilizados solo para las escenas de combate, una cifra que en los años noventa era una rareza incluso para las superproducciones norteamericanas, y que habla de la obsesión del realizador por reconstruir el horror sin atenuantes. El presupuesto fue de 20 millones de marcos alemanes, unos 14 millones de dólares de la época, y el rodaje se extendió durante cinco meses, buena parte de ellos en Finlandia, donde el termómetro llegó a marcar 30 grados bajo cero. Los actores lo sufrieron de verdad, no lo actuaron, y eso se nota en cada plano.
Para reforzar el realismo se contrataron además veteranos de guerra amputados, una decisión de producción que hoy puede sonar extrema pero que en los años noventa, cuando todavía cole era con Russia vivo en la memoria de miles de familias europeas, tenía otra carga. La película no se filmó jamás en la ciudad real. La destrucción masiva que sufrió Stalingrado durante el conflicto obligó a reconstruirla por completo en la posguerra, así que no quedaba ni una pared de la época para ambientar las escenas. Hubo que armar todo en estudio y en locaciones finlandesas, lo que convierte al filme en una rareza: una reconstrucción del pasado absoluto en el presente, hecha con materiales del presente.
El contexto histórico que nunca se puede perder de vista
El contexto histórico que nunca se puede perder de vista
El contexto histórico que nunca se puede perder de vista
El contexto histórico que nunca se puede perder de vista
La Batalla de Stalingrado se extendió desde agosto de 1942 hasta principios de 1943 y está catalogada entre los enfrentamientos más cruentos de toda la Segunda Guerra Mundial. Dejó alrededor de dos millones de muertos entre soldados de ambos bandos y civiles. En su diario, Joseph Goebbels recogió que Adolf Hitler consideraba la toma de la ciudad una necesidad psicológica urgente, dado el valor simbólico que tenía para el régimen soviético. Las tropas alemanas recibieron la orden expresa de no rendirse bajo ninguna circunstancia, y esa orden, traducida en hambre, frío y disparos, fue la sentencia de muerte del Sexto Ejército. La película sigue a un grupo de soldados trasladados al frente oriental y muestra, sin apuro de agua ni de vodka, el agotamiento extremo de cuerpos jóvenes que entendían muy poco de lo que les estaba pasando.
“La orden era no rendirse, y los muchachos obedecieron hasta que no quedó ninguno.”reflejo de la consigna hitleriana sobre el frente del Volga
“La orden era no rendirse, y los muchachos obedecieron hasta que no quedó ninguno.”reflejo de la consigna hitleriana sobre el frente del Volga
“La orden era no rendirse, y los muchachos obedecieron hasta que no quedó ninguno.”reflejo de la consigna hitleriana sobre el frente del Volga
“La orden era no rendirse, y los muchachos obedecieron hasta que no quedó ninguno.”reflejo de la consigna hitleriana sobre el frente del Volga
Recepción, una recaudacion y un lugar en el canon
Recepción, una recaudacion y un lugar en el canon
Recepción, una recaudacion y un lugar en el canon
Recepción, una recaudacion y un lugar en el canon
En Alemania la película recaudó unos 10 millones de dólares, por debajo de las expectativas iniciales. En España, en cambio, tuvo una recepción especialmente favorable, con ingresos cercanos a 1,34 millones de euros. Con el paso de los años fue ganando lugar como referencia del cine bélico europeo, aunque su proyección internacional quedó en parte opacada por el estreno posterior de Enemigo a las puertas, la superproducción franco-estadounidense de 2001 con Jude Law, que contó una historia parecida con estrellas de Hollywood y llegó mucho más lejos en las salas de todo el mundo. Stalingrado se quedó así en un segundo plano extraño, el de la clásica de culto que los muy fans conocen al dedillo y el resto del público apenas intuye.
- Título original: Stalingrado (Stalingrad, 1993).
- Dirección: Joseph Vilsmaier.
- Basada en la novela homónima de Theodor Plievier, publicada en 1945.
- Presupuesto: 20 millones de marcos alemanes, alrededor de 14 millones de dólares.
- Rodaje: cinco meses, con escenas centrales filmadas en Finlandia a 30 grados bajo cero.
- 12.000 extras en las escenas de combate, rodaje entre veteranos de guerra amputados.
- Recaudación en Alemania: 10 millones de dólares. En España: 1,34 millones de euros.
- Disponible en la plataforma Amazon Prime Video.
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